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Aventuras en la península ibérica

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Zoë Francis-Cox vuelve a tomar el ferry, esta vez para explorar el norte de España y Portugal

Aunque tenemos una hija de cinco años, mi marido y yo hemos tenido la suerte de hacer una escapada en moto todos los años desde que nació, gracias sobre todo a nuestros padres, ya jubilados y con mucha paciencia. Pero, a diferencia de la época ‘antes de la criatura’ (que yo suelo abreviar cariñosamente como ‘a. C.’), cuando podíamos pasar dos o tres semanas de viaje, disfrutando de la brisa en la cara y sin ninguna responsabilidad, poco a poco se ha ido reduciendo el tiempo disponible a medida que la pequeña se va haciendo mayor y nos echa más de menos. 

Por eso nos hemos aficionado al ferry, que te lleva directamente al centro de la acción y te evita perder un tiempo valioso en las autopistas hasta llegar a tu destino. 

Nuevos horizontes 
Desde el Reino Unido hay lugares estupendos para rodar si solo dispones de unos días (Escocia, Irlanda, Gales, el norte de Francia, Bélgica, Luxemburgo, Alemania y los Países Bajos están a un día de viaje más o menos), pero a nosotros nos gusta ir un poco más lejos. 

Gracias a los servicios regulares de Brittany Ferries desde el sur de Inglaterra hasta Bilbao y Santander, podemos viajar desde nuestra casa en Norfolk al norte de España en poco más de 24 horas. Esto pone a nuestro alcance un enorme territorio por el que rodar, con innumerables aventuras en cada recorrido. 

Para el viaje de este año nos pusimos como destino los Picos de Europa, una hermosa cordillera a menos de una hora de Santander que se puede explorar en un par de días, por lo que nos pareció ideal para una escapada en el continente, con dos días de relajante travesía en ferry. Como a tantos motoristas, nos encantan las carreteras de montaña y recorrer maravillosos paisajes, curva tras curva. Mi mente se concentra exclusivamente en tomar la siguiente curva con la máxima suavidad posible: las preocupaciones rutinarias de la vida ‘normal’, el estrés del trabajo y las preocupaciones de ser padres desaparecen durante esos momentos preciosos, cuando me concentro en la carretera y me empapo de las vistas y olores de mi entorno. 

Estaba ansiosa por poner a prueba en este viaje mi nueva máquina: ‘Sporty’, mi Iron 883 de 2017. Admito que es distinta de las Softail®, Tourers y Dyna® que he tenido anteriormente, con todo tipo de comodidades, pero estoy entusiasmada: esta moto tiene un punto atrevido y la altura adicional sobre el suelo se agradece en las carreteras con muchas curvas. 

La partida 
Tras el viaje por autopista desde Norfolk hasta Portsmouth, disfrutamos de la travesía en el ferry comiendo, bebiendo y tomando el sol sobre la cubierta. También tuvimos tiempo para pensar en nuestra ruta por los Picos de Europa. Había reservado la primera noche en la fabulosa ciudad medieval de Santillana del Mar, a media hora al oeste del puerto de Santander. 

Y así comenzó nuestra aventura por los Picos de Europa. Bordeamos el desfiladero rumbo sur por la N621 desde Santillana del Mar. Las sorprendentes aguas azules debajo, la áspera cara rocosa de la montaña y la escasez de vehículos nos ofrecieron una magnífica experiencia sensorial como comienzo de nuestro viaje. Paramos a tomar café en el bonito pueblo de Potes e hicimos un desvío rápido hasta Fuente Dé antes de seguir rumbo sur hasta el puerto de San Glorio. Era justo lo que estábamos buscando. Sin tráfico a la vista, solo preciosas carreteras de montaña, espléndidos paisajes... ¡y la libertad y las intensas sensaciones de rodar con la moto! 

Cruzamos la frontera 
En el viaje de ida recorrimos el borde suroriental de los Picos de Europa para continuar disfrutando de todos los giros de la tortuosa N621 hasta Riaño. Como disponíamos de seis largos días para viajar, decidimos llegar tan lejos como pudiéramos hacia el oeste y entrar en el norte de Portugal. ¡Estábamos impacientes por explorar otras partes de los Picos en el viaje de vuelta! 

Nos dirigimos a León y La Bañeza, hasta pasar a Portugal por la CL-622 y llegar a Bragança. Las carreteras eran estupendas y estaban bañadas por el sol, resplandeciente en un cielo azul brillante. Recorrimos el maravilloso paisaje sobre asfalto bien cuidado, con largas curvas rápidas. La N103 hasta Chaves fue una continuación de lo mismo, con un paisaje cambiante a medida que avanzábamos. 

Un auténtico ejercicio de escapismo. Estábamos en nuestro elemento. Aunque para algunos son la peor de las pesadillas, mi marido y yo tenemos intercomunicadores que nos permiten charlar mientras viajamos. Arreglamos el mundo, analizamos nuestra vida y recordamos las increíbles experiencias que hemos tenido en la moto. Es en momentos así cuando la moto te hace sentirte más viva, más presente y más conectada con el mundo que nunca. 

Continuando más al oeste por la N103 dimos con una auténtica joya oculta: el Parque Nacional da Peneda-Gerês en la frontera luso-española. Nuestro viaje por este paraíso nos devolvió a España por A Guarda, donde pusimos rumbo norte por la PO-552 hasta Baiona. Aquí nos dimos el lujo de pasar una noche en el Parador, una fortaleza medieval desde la que se domina el Atlántico por un lado y el bullicioso puerto y el pueblo por el otro. 

Maravillas de la naturaleza 
Dando la espalda al Atlántico, pusimos rumbo este hasta llegar un hostal en un antiguo molino de agua, a pocas millas al sur de Lugo. Ese día dejamos las motos pronto y nos relajamos sobre las piedras del río, disfrutando del silencio y la belleza del paisaje español. 

El día siguiente llegamos hasta A Fonsagrada y continuamos hacia el este por las tortuosas carreteras de la Reserva de la Biosfera de Muniellos. Siguiendo por la AS-348, entramos en el territorio del oso. Por desgracia no pudimos ver ninguno, pero sí que nos encontramos rodeados de miles de mariposas entre las hermosas flores del parque nacional. Desde aquí tomamos rumbo noreste hasta Cangas del Narcea y Oviedo antes de entrar en el Parque Natural de Redes, para regresar a Picos de Europa por la vertiente noroccidental. 

El poder de los Picos de Europa 
En nuestro segundo encuentro, las montañas demostraron ser aún más espectaculares. La ruta hasta el parque nacional de Picos de Europa por la N-625 fue simplemente asombrosa, con más desfiladeros, preciosos pueblos en la ladera de las montañas y apenas tráfico. Ya habíamos recorrido unos cuantos parques nacionales, pero este nos quitó el aliento. 

En este punto nos sentíamos totalmente unidos a nuestras motos; conocíamos cada centímetro de las máquinas que nos habían permitido hacer este maravilloso viaje y comprendíamos su comportamiento. Nos habíamos excedido con las carreteras de montaña pero todavía no teníamos ganas de volver, así que nos fuimos a nuestra última escala en Cervera de Pisuerga por carreteras más rápidas, antes de regresar a Bilbao para tomar el ferry de vuelta. 

Agotados por la abundancia de fantásticas carreteras, lugares maravillosos para pasar la noche y la libertad y la sensación de habernos escapado unos días de todo, llegamos a casa a tiempo para acostar a nuestra hija… ¡un final feliz en todos los sentidos! 

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